Recuerdo
el día de mi muerte…*silencio rotundo* ¡Sí, sí…! *suspiro* lo
recuerdo bien, tengo en mi memoria el momento exacto en que mi cuerpo
abandonó este mundo tan anodino y utilitario.
Corría
entre una hilera de platabandas alienadas una al lado de la otra, lo
cual daba la sensación de un segundo suelo más cercano a la “idea
de Dios”.
El
atardecer pronto se convertiría en una trémula noche, desde el
horizonte un grupo de hombres camuflajeados con trajes militares y
armas, bajaban una escalinata oxidada en mi dirección ¿o eran
lobos? Más que humanos parecían perros hambrientos, el qué
buscaban, no lo sé, de lo único que estaba segura era que tenia que
correr y lo hice hasta que mis pulmones ardieron con cada respiración
que daba.
Vi
a mi padre y fui hasta él, iba vestido igual que aquellos
hombres/animales sedientos de guerra, me pidió que me escondiera
entre unos barriles ¡Qué idiota fue, era el lugar más inseguro!
Estaban en medio del follón que se había armado, sin embargo, mi
estupidez fue aún mayor, pues le hice caso. <<No te
preocupes, yo te cuidaré>> me decía… no lo volví a ver.
En
ese momento, recordé a mi madre, ella aún no debía saber sobre los
hombres armados, salí de mi “escondite” y fui en su búsqueda.
La encontré en la azotea de uno de los edificios con otra mujer,
teníamos que salir de ahí, pero ya no había tiempo, más hombres
bajaban por los altos techos vecinos, logramos escondernos debajo de
una cama, ya era tarde… la otra mujer desapareció.
En
el lapso que hicimos silencio, la cara de un niño apareció ante
nosotras debajo de la cama, con la mirada indiferente e inexpresiva,
sin pensarlo tomó un rifle más pesado que él entre sus manos y
apuntó a mi madre, sólo pude ver como las manos de ella se
ajustaban detrás de la nuca y el sonido de un clip llegó sin demora
hasta mis oídos, su cuerpo cayó inerte en el instante.
Ni
gritos, ni desesperación, la resignación se apoderó de mí, la
mirada del niño se cruzó con la mía, no pude ver nada en ella, ni
una pizca de remordimiento, de aflicción, nada… Imité el gesto de
mi madre, baje la cabeza y coloque las manos detrás de mi nuca, no
hubo sonidos, no hubo una retrospectiva de mi vida, sólo la imagen
de mi madre muerta ante mis ojos.
La
bala fue penetrando desde mi cuero cabelludo hasta atravesar mi
cráneo e irse alojando en mi cerebro. Estaba dentro y fuera, veía
cómo caía al suelo y sentía cómo un vacío cubría mi ser, poco a
poco deje de sentir mi cuerpo, sin dolor, sin nada. Mientras, iba
recuperando la conciencia, es de mañana y he despertado.
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