Me
deslizo suavemente de la cama. Se escucha el eco de un sonido ¿Qué
raro? A esta hora de la madrugada la casa es un concierto de
silencios. Silencio, melodía innata que siempre me acompaña. El
sueño ya es un mito. Las horas nocturnas son las cómplices desde
que mi niño interior reclamó con hacerse presente.
Soy
un adulto/niño que juega a vivir la vida. El eco no cesa. Quizás
sea él, aunque… ¿Despierto a esta hora? Los niños no deben estar
despiertos a esta hora ¡Ha, mira quién lo dice! *Sale de la
habitación*.
No
tengo que verlo, sé que está ahí. La oscuridad, madre alcahueta de
todas las pasiones. Mi sangre, mi hermano, mi…MI… No es nada,
dos cuerpos anónimos escondidos bajo la sombra de un pasillo en
penumbras.
*Se
sitúa delante de él, lo toma por sus estrechas caderas y lo acerca*
Su jadeo es una invitación a que profane su cuerpo. Mi cuerpo. Masa
de carne envuelta por la lujuria y la desesperación. El merece que
sea tierno, pero… no puedo, me embriago, soy un alcohólico en
rehabilitación que ha sucumbido de nuevo a la bebida.
Nuestros
cuerpos se acercan más, se separan –respiro- se vuelven a
acercar, un minuto más, dos más ¡Solo han pasado unos segundos! Un
poco más… Me muerde el labio inferior y yo gruño ante su
atrevimiento ¡Soy feliz! Lo acaricio atrevidamente sobre su torso que
ahora está desnudo…
Pasos.
Las sombras huyen y los cuerpos se separan estrepitosamente. Dos
hermanos se miran fijamente cuando la luz artificial de la lámpara
irrumpe en el corredor. Nos marchamos junto con la oscuridad.
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